Dulce Jesús mío, mi niño adorado ¡Ven a nuestras
almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Ven, que ya María
previene sus brazos, do su niño vean, en tiempo cercanos! ¡Ven, que ya José,
con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Del débil auxilio, del
doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! ¡Vida de mi vida, mi
dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
LA PALABRA DE
DIOS
"Le presentaban unos niños para que los
tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús al ver esto, se enfadó y les
dijo: Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son
como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el reino de
Dios como niño, no entrará en él. Y abrazaba a los niños y los bendecía
imponiendo las manos sobre ellos". (Mc. 10, 13-16)
REFLEXIÓN
El mensaje que Jesús trae
para nosotros en el día de hoy es éste: Que recibamos con gusto, sencillez y
buena voluntad la Palabra de Dios, sin ponerle trabas a la acción divina,
convencidos de que Dios nos ama y que su palabra trae para nosotros un mensaje
de salvación, y que Dios es un Padre amoroso, y, que no quiere la condenación
del pecador, sino que haga esfuerzo por arreglar su vida y se salve.
ORACIÓN FINAL
Te pedimos Señor, que nos ayudes a convencernos de
que para conocer a Cristo, necesitamos leer con devoción el Santo Evangelio que
debe ser norma de nuestra vida. Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.

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